Del libro Lecciones de maestros de George Steiner. Ed. Siruela. 2004.
Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un
ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad
de un niño o de un adulto. Un Maestro invade, irrumpe, puede arrasar con el fin
de limpiar y reconstruir. Una enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un
estilo de instrucción que, concientemente o no, sea cínico en sus metas
meramente utilitarias, son destructivas. Arrancan de raíz la esperanza. La mala
enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente, un pecado.
Disminuye al alumno, reduce a la gris inanidad el motivo que se presenta.
Instila en la sensiblidad del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos,
el aburrimiento, el gas metano del hastío. Millones de personas han matado las
matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico con una enseñanza muerta y la
vengativa mediocridad, acaso subconsciente, de unos pedagogos frustrados. (…)
Los buenos profesores, los que prenden fuego
en las almas nacientes de sus alumnos, son tal vez más escasos que los
artistas virtuosos o los sabios. (2004: 26)
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