Fingir no es proponer engaños, es elaborar estructuras inteligibles. La poesía no tiene que rendir cuentas sobre la “verdad” de lo que ella dice, porque en principio, ella está hecha no de imágenes o de enunciados, sino de ficciones, es decir de arreglos entre los actos. (...)
La disposición ficcional no es más el encadenamiento causal aristotélico de las acciones “según la necesidad y la verosimilitud”. Es un arreglo de signos. (...)
Lo real debe ser ficcionado para ser pensado.(...)
La Política y el arte, como los saberes, construyen “ficciones”, es decir redistribuciones materiales de signos y de imágenes, de relaciones entre lo que vemos y lo que decimos, entre lo que uno hace y lo que uno puede hacer. (...)
Los enunciados políticos o literarios tienen efecto en lo real. Ellos definen modelos de palabras o de acción, pero también de sistemas de intensidad sensible. Levantan las cartas de lo visible, de las trayectorias entre lo visible y lo decible, de las relaciones entre modos de ser, modos de hacer y modos de decir. Ellos definen las variaciones de intensidad sensibles, de las percepciones y las capacidades de los cuerpos. Ellos se apoderan de ese modo de cualquier humano, profundizan las distancias, abren derivaciones, modifican las formas, las velocidades y los recorridos según os cuales ellos adhieren a una condición, reaccionan a situaciones, reconocen sus imágenes. Reconfiguran el mapa de lo sensible desdibujando la funcionalidad de los gestos y de los ritmos adaptados a los ciclos naturales de la producción, de la reproducción y de la sumisión. El hombre es un animal político porque es un animal literario, que se deja desviar de su destino “natural” por el poder de las palabras. (...)
los enunciados se aprovechan de los cuerpos y los desvíos de su destino, en la medida en que ellos no son cuerpos, en el sentido de organismos, sino cuasi-cuerpos, bloques de palabras circulantes sin padre legítimo que los acompañe hacia un destinatario autorizado. Tampoco producen ellos cuerpos colectivos. Más aún, ellos introducen en los cuerpos colectivos líneas imaginarias de fractura, de desincorporación. (...)
la circulación de esos cuasi-cuerpos determina modificaciones de la percepción sensible de lo común, de la puerta entre lo común de la lengua y la distribución sensible de los espacios y de las ocupaciones. Ellos dibujan de ese modo comunidades aleatorias que contribuyen a la formación de colectivos de enunciación que ponen en cuestión la distribución de los roles, de los territorios y de los lenguajes -brevemente, de esos sujetos políticos que cuestionan el compartir dado de lo sensible.
Jacques Ranciére. El compartir de lo sensible. 2012. Ed. Prometeo.






