fragmento del texto Emancipación, educación y autoridad, Bs As, Noveduc, 2012, de María Beatriz Greco
3.2. Trazos de una educación
emancipatoria en escena
Escena
1: cuerpos “desplazados” y en común, la igualdad a escena en un espacio escolar
de lectura y escritura.
Andar es no tener un lugar.
Se trata del proceso indefinido de estar ausente y en pos de algo propio.
Michel de Certeau (2007: 116)
La escena se
despliega en un espacio distinto al del aula, la biblioteca de la escuela
recibe a los alumnos y a las dos profesoras de Lengua y literatura que conducen
el proyecto[1].
Ocurre en una escuela pública del barrio del Abasto en la Ciudad de Buenos Aires.
Alumnos y alumnas de 13 y 14 años han llegado a esta escuela desde barrios
alejados en los alrededores, la estación de trenes cercana trae a este lugar de
la ciudad a numerosas mujeres que trabajan limpiando casas o atendiendo
comercios, hombres que trabajan como albañiles, niños y adolescentes que llegan
con sus padres a escuelas de la zona y, en muchos casos, a trabajar también en
“changas” u ocupaciones temporarias. Muchos son hijos de inmigrantes bolivianos
y peruanos cuyas familias se han trasladado a esta ciudad en busca de mejores
oportunidades de trabajo y de vida. La motivación del proyecto surge del
interés de las docentes por generar mayores capacidades en sus alumnos para
leer y escribir. Les preocupa el escaso hábito de lectura, la ajenidad con
respecto a las lecturas que los programas de la materia proponen, el
sentimiento de que escribir “no es para ellos”. Un supuesto destino de trabajo
manual en oficios no especializados, parece esperar a estos jóvenes alumnos.
La biblioteca
los recibe en su silencio guardado por años dentro de las páginas de los
libros, en el edificio centenario. El piso y los estantes de madera que tapizan
las paredes parecen resistir el paso de las voces estridentes de los jóvenes
reunidos, año tras año, por fuera de ella en los pasillos y las aulas. No es un
espacio habitual para los alumnos, ellos consultan poco los textos allí reunidos
y sus profesores no estiman necesario ir con ellos a este espacio tan cercano y
lejano, a la vez.
El taller de
lectura y escritura se inicia una mañana de invierno en torno a la amplia mesa
central. Sobre ella, los libros se hallan allí reunidos, desordenados, por
momentos amontonados, en pilas que van variando su ordenamiento, entre libros
que se mueven de mano en mano. Alumnos y profesoras no se sientan alrededor de
la mesa, no se acomodan para leer sino que merodean, deambulan alrededor de la
mesa, tocando, percibiendo colores y texturas, dejándose llamar por las letras
de los títulos, su tamaño y su decir. Invitados por los textos, cada uno –tanto
profesoras como alumnos y alumnas- seleccionan uno solo y ahora sí, se alejan
del grupo, hacia un sitio apartado y más íntimo para entrar en sus páginas.
Se les pide a
los alumnos que piensen los motivos por los cuales eligieron esos objetos
hechos de texto-textura-imágenes-palabras-peso-color y que recuerden a su vez,
algún libro de la infancia que fuera significativo para ellos. Se los invita al
relato oral, luego a la escritura, luego a la lectura de fragmentos, y así…
Los encuentros
se suceden semana a semana, los alumnos van hilando la experiencia de lectura y
escritura presente con experiencias pasadas, lo vivido actual con lo que no fue
vivido nunca, la sensibilidad de cada taller con la reflexión por fuera de la
situación en la biblioteca. El retorno al aula ocurre diferente, se reducen las
situaciones de agresión entre ellos, las profesoras los encuentran cada vez más
calmos, a la vez entusiasmados, habitando los espacios escolares como propios,
interesados en sí mismos y en los otros, en los objetos escolares que los
convocan y en las palabras que sus docentes proponen alrededor de los textos.
Ya no hace falta limitarlos por fuera de la escena misma, sancionarlos por sus
conductas inadecuadas. Las autoridades se sorprenden. Generan la publicación de
los poemas de estos “nóveles escritores” y el ser nombrado como tales, vuelve
al proceso subjetivo de los alumnos para alimentar un nuevo giro emancipatorio.
[1] Este proyecto fue implementado en el marco del Programa de
Fortalecimiento de las escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires del GCBA. Se analiza parte
el material producido en él en el artículo “Cuestión de palabras, para pensar
hoy las escuelas y las adolescencias”, Greco
(2007c : 285-303)
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