En
el texto Verano, John Coetzee, crea
un diálogo entre un entrevistador, biógrafo del propio Coetzee y un
entrevistado, colega y amigo del mismo. El entrevistador indaga acerca de un
aspecto de la vida del escritor, su labor docente:
“¿Podríamos volver a su labor docente? Escribe que no estaba hecho para ser
profesor. ¿Está de acuerdo?
Yo
diría que uno enseña mejor aquello que mejor conoce y le interesa más. John
sabía bastante sobre una variedad de temas, pero no mucho sobre cualquier tema
en particular. Considero que eso era un punto desfavorable. En segundo lugar,
aunque había escritores por los que sentía un profundo interés, los novelistas
rusos del siglo XIX, por ejemplo, esa profundidad no se reflejaba en su
enseñanza, no resultaba en modo alguno evidente. Siempre retenía algo. ¿Por
qué? No lo sé. Tan sólo puedo conjeturar que una reserva muy arraigada en él,
que era un rasgo de su carácter, se extendía también a su manera de enseñar.
¿Entonces, cree usted que dedicó su vida a
una profesión para la que no tenía talento?
Eso
sería generalizar demasiado. Como académico, John era perfectamente adecuado.
Sin embargo, no era un profesor notable. Tal vez si hubiera enseñado sánscrito
habría sido diferente, sánscrito o cualquier otro tema en el que las convenciones
te permiten ser un poco seco y reservado.
Cierta
vez me dijo que se había equivocado de profesión, que debería haber sido
bibliotecario. Sin duda es una apreciación que tiene sentido” Coetzee (2010:
206, 207)
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