XXIV
Lo que nosotros vemos de las cosas son las
cosas
¿Por qué veríamos nosotros una cosa si hubiese
otra?
Por qué ver y oír sería engañarnos
Si ver y oír son ver y oír?
Lo esencial es saber ver,
Saber ver sin pensar,
Saber ver cuando se ve, Y ni pensar cuando se
ve,
Ni ver cuando se piensa.
Por eso (¡tristes de nosotros que traemos el
alma vestida!)
Eso exige un estudio profundo,
Un aprendizaje de desaprender
Y un secuestro en la libertad de aquel
convento
Del que los poetas dicen que las estrellas
Son las monjas eternas
Y las flores las penitentes convictas de un
solo día,
Pero donde al final las estrellas no son sino
estrellas
Ni las flores sino flores,
Siendo por eso que las llamamos estrellas y
flores.
XXXIX
El misterio de las cosas, ¿dónde está?
¿Dónde está él que no aparece
Por lo menos para mostrarnos que es misterio?
¿Qué sabe el río y que sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos, ¿qué sé de
eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que
los
Hombres piensan de ellas,
Río como un riacho que suena fresco en una
piedra.
Porque el único sentido oculto de las cosas
Es no tener ningún sentido oculto.
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que los sueños de todos los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos
Que las cosas sean realmente lo que parecen
ser
Y no haya nada que comprender.
Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron
solos:
Las cosas no tienen significación: tienen
existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las
cosas.




