autoridades de otro tiempo

autoridades de otro tiempo
mirarlas para volver a pensar la posición docentes actual

miércoles, 30 de noviembre de 2011

carta a una autoridad


Carta al padre. Franz Kafka. (Fragmentos)

Una vez me preguntaste por qué afirmaba yo que te temía. Como de costumbre, no supe qué contestarte, en parte precisamente por ese miedo que me infundes (…) Y ahora incluso este intento de contestarte por escrito quedará incompleto, porque también al escribir me inhiben frente a ti el miedo y sus consecuencias y porque la magnitud del tema sobrepasa mi memoria y mi entendimiento
(…)
éramos tan diferentes, y, en esta diferencia, tan peligrosos el uno para el otro, que si se hubiese conjeturado la relación entre yo, el niño que se desarrollaba despacio y tú, el hombre hecho, habría podido admitirse que simplemente me pisotearías, de modo que nada quedara de mí.
(…)
Tú sólo sabes tratar a un niño como tú mismo has sido criado: con fuerza, escándalo e iracundia,  ya además esto te parecía aún más adecuado para el caso, pues querías hacer de mí un muchacho fuerte y valiente.
(…)
esa sensación de nulidad que a menudo me domina ha sido provocada en gran parte por tu influjo. Yo habría necesitado un poco de tu estímulo, un poco de amabilidad, un poco de abrirme el camino y tu, en cambio, me lo obstruías, ciertamente con la buena intención de que yo eligiese otro camino. Pero yo no servía para eso. Por ejemplo, me alentabas cuando yo hacía bien el saludo militar o el paso de marcha, pero yo no era un futuro soldado, o me animabas cuando yo lograba comer mucho y hasta tomar cerveza, o cuando repetía canciones que no entendía, o cuando repetía tus palabras favoritas, pero nada de eso pertenecía a mi futuro.
(…)
Como no me sentía seguro de cosa alguna, como a cada instante necesitaba una nueva ratificación de mi existencia, y nada parecía que fuera realmente mío, indudable, exclusivo para mí, un hijo desheredado, en verdad, naturalmente también lo más cercano, el cuerpo propio, se volvió inseguro para mí; crecí hacia arriba pero no sabía qué hacer con ello, la carga era muy pesada, la espalda se encorvó; apenas me arriesgaba a moverme.
(…)
Tú eras para mí la medida de todas las cosas. (…) Desde tu sillón gobernabas el mundo. Tu opinión era correcta y cualquier otra absurda, disparatada, loca, anormal.  Podías por ejemplo, despotricar contra los checos, luego contra los alemanes, luego contra los judíos, y esto en cualquier sentido, sin selección alguna, y finalmente no se salvaba ya nadie más que tú. Adquirías para mí lo enigmático que poseen todos los tiranos, cuyo derecho se funda en su persona y no en el pensamiento.
(…)
Todo mi pensamiento se encontraba bajo tu pesada presión, incluso el que no coincidía con el tuyo y ese aún más. Tales pensamientos, en apariencia independientes de ti, llevaban desde el principio el peso de tu veredicto decisivo; soportar esto, hasta el desarrollo completo y permanente del pensamiento, era casi imposible. No me refiero aquí a ninguna clase de pensamientos elevados, sino a cada intento pequeño de la niñez. Bastaba sentirse feliz por alguna cosa, absorbido por ella y expresarla, para que la respuesta fuese un suspiro irónico, una sacudida de cabeza, un golpeteo de dedos sobre la mesa.
(…)
Me resultó siempre incomprensible tu total insensibilidad por el dolor y la vergüenza  que podías infligirme con tus palabras y opiniones; era como si no tuvieses la menor conciencia de tu poder.
(…)
tú, el hombre tan enormemente decisivo para mí, no cumplías tu mismo con los preceptos que me imponías. Por eso el mundo quedó dividido para mí en tres partes: una, donde vivía yo, el esclavo, bajo leyes inventadas exclusivamente para mí, a las que yo, además, y sin saber por qué, jamás podía satisfacer del todo; luego un segundo mundo, infinitamente alejado del mío, en el que vivías tu, ocupado en gobernar, dar órdenes y enojarte por su incumplimiento, y, finalmente, un tercer mundo, donde vivía la demás gente, feliz y libre de órdenes y de obediencia.

Kafka F. Carta al padre. Buenos Aires, Ed. Leviatán. 2010.

lunes, 28 de noviembre de 2011

lecturas y vínculos



acerca de la autoridad del que enseña y su pasión al transmitir


“¿Podríamos volver a su labor docente? Escribe que no estaba hecho para ser profesor. ¿Está de acuerdo?
Yo diría que uno enseña mejor aquello que mejor conoce y le interesa más. John sabía bastante sobre una variedad de temas, pero no mucho sobre cualquier tema en particular. Considero que eso era un punto desfavorable. En segundo lugar, aunque había escritores por los que sentía un profundo interés, los novelistas rusos del siglo XIX, por ejemplo, esa profundidad no se reflejaba en su enseñanza, no resultaba en modo alguno evidente. Siempre retenía algo. ¿Por qué? No lo sé. Tan sólo puedo conjeturar que una reserva muy arraigada en él, que era un rasgo de su carácter, se extendía también a su manera de enseñar.
¿Entonces, cree usted que dedicó su vida a una profesión para la que no tenía talento?
Eso sería generalizar demasiado. Como académico, John era perfectamente adecuado. Sin embargo, no era un profesor notable. Tal vez si hubiera enseñado sánscrito habría sido diferente, sánscrito o cualquier otro tema en el que las convenciones te permiten ser un poco seco y reservado.
Cierta vez me dijo que se había equivocado de profesión, que debería haber sido bibliotecario. Sin duda es una apreciación que tiene sentido” Coetzee J. Verano (2010: 206, 207)

(…) con los gestos imperceptibles del educador genial lo había colocado bajo el manto protector de una comunidad humana. El hombre pertenece a algún lugar, eso es todo. (…) Sabía mostrarse como un compañero y, sin embargo, mantenía su autoridad. A los cincuenta años, en la época de las grandes crisis de los hombres, se puso enfermo, y entonces Kristóf se quedó solo de nuevo. No obstante, los tres años que había pasado junto al sacerdote bastaron para llenar su espíritu de contenidos secretos y fuerzas misteriosas. Kristóf se alimentó durante mucho tiempo de las energías acumuladas en esos tres años.
(…) Kristóf siguió oyendo su voz durante muchos años. Un día la voz se apagó y en su lugar se instaló una especie de sordera, una sordera agradable. Por largo tiempo vivió así, trabajó así; se movía por su casa y por el despacho, juzgaba y sentenciaba, y entre tanto sabía que se estaba defendiendo, que aquella voz, desde algún lugar en medio de la sordera apagada, le ordenaba algo diferente… Vivía en un estado parecido a las primeras luces del alba, a ese momento de somnolencia en que ya podemos oír los sonidos del mundo pero no los distinguimos todavía con claridad (…)
Quizá se tratase de eso, de no defenderse… Hay algo evidente en el ser humano, tan evidente que parece un grito: basta con no desatender la llamada. (…) y su recuerdo se mantenía vivo en Kristóf no en forma de imagen, sino más bien de texto escrito, originario y esencial, de palabras que se le presentaban borrosas, como se recuerdan las frases de alguien al cabo de los años. Marai  S. Divorcio en Buda (2007: 45, 47, 50)


acerca de la autoridad del que enseña y su pasión al transmitir


“¿Podríamos volver a su labor docente? Escribe que no estaba hecho para ser profesor. ¿Está de acuerdo?
Yo diría que uno enseña mejor aquello que mejor conoce y le interesa más. John sabía bastante sobre una variedad de temas, pero no mucho sobre cualquier tema en particular. Considero que eso era un punto desfavorable. En segundo lugar, aunque había escritores por los que sentía un profundo interés, los novelistas rusos del siglo XIX, por ejemplo, esa profundidad no se reflejaba en su enseñanza, no resultaba en modo alguno evidente. Siempre retenía algo. ¿Por qué? No lo sé. Tan sólo puedo conjeturar que una reserva muy arraigada en él, que era un rasgo de su carácter, se extendía también a su manera de enseñar.
¿Entonces, cree usted que dedicó su vida a una profesión para la que no tenía talento?
Eso sería generalizar demasiado. Como académico, John era perfectamente adecuado. Sin embargo, no era un profesor notable. Tal vez si hubiera enseñado sánscrito habría sido diferente, sánscrito o cualquier otro tema en el que las convenciones te permiten ser un poco seco y reservado.
Cierta vez me dijo que se había equivocado de profesión, que debería haber sido bibliotecario. Sin duda es una apreciación que tiene sentido” Coetzee J. Verano (2010: 206, 207)

(…) con los gestos imperceptibles del educador genial lo había colocado bajo el manto protector de una comunidad humana. El hombre pertenece a algún lugar, eso es todo. (…) Sabía mostrarse como un compañero y, sin embargo, mantenía su autoridad. A los cincuenta años, en la época de las grandes crisis de los hombres, se puso enfermo, y entonces Kristóf se quedó solo de nuevo. No obstante, los tres años que había pasado junto al sacerdote bastaron para llenar su espíritu de contenidos secretos y fuerzas misteriosas. Kristóf se alimentó durante mucho tiempo de las energías acumuladas en esos tres años.
(…) Kristóf siguió oyendo su voz durante muchos años. Un día la voz se apagó y en su lugar se instaló una especie de sordera, una sordera agradable. Por largo tiempo vivió así, trabajó así; se movía por su casa y por el despacho, juzgaba y sentenciaba, y entre tanto sabía que se estaba defendiendo, que aquella voz, desde algún lugar en medio de la sordera apagada, le ordenaba algo diferente… Vivía en un estado parecido a las primeras luces del alba, a ese momento de somnolencia en que ya podemos oír los sonidos del mundo pero no los distinguimos todavía con claridad (…)
Quizá se tratase de eso, de no defenderse… Hay algo evidente en el ser humano, tan evidente que parece un grito: basta con no desatender la llamada. (…) y su recuerdo se mantenía vivo en Kristóf no en forma de imagen, sino más bien de texto escrito, originario y esencial, de palabras que se le presentaban borrosas, como se recuerdan las frases de alguien al cabo de los años. Marai  S. Divorcio en Buda (2007: 45, 47, 50)


jueves, 24 de noviembre de 2011

abriendo mundos


acerca del pensamiento y los conceptos

"... los conceptos nuevos tienen que estar relacionados con problemas que sean los nuestros, con nuestra historia y sobretodo con nuestros devenires. Pero ¿qué significan los conceptos de nuestra época o de una época cualquiera? Los conceptos no son eternos, pero ¿se vuelven acaso temporales por ello? ¿cuál es la forma filosófica de la época actual? Si un concepto es "mejor" que uno anterior es porque permite escuchar variaciones nuevas y resonancias desconocidas, porque efectúa reparticiones insólitas, porque aporta un Acontecimiento que nos sobrevuela. ¿Pero no es acaso lo que hacía ya el anterior? Y así, si se puede seguir siendo platónico, cartesiano, kantiano hoy en día es porque estamos legitimados para pensar que sus conceptos pueden ser reactivados en nuestros problemas e inspirar esos conceptos nuevos que hay que crear. ¿Y cuál puede ser la mejor manera de seguir a los grandes filósofos, repetir lo que dijeron, o bien hacer lo que hicieron, es decir crear conceptos para unos problemas que necesariamente cambian?" Deleuze G. y Guattari F. ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona, 1993, p. 33. (Traducción de Thomas Kauf)

"He llegado a percibir que por respetar demasiado las razones de los otros, se les hace la peor injuria, la de volverlos insípidos. Jamás pude suscribir profundamente a la regla de oro en uso en los tiempos que estudiaba, de no hacerle a un autor otras preguntas más que aquellas que él mismo ya se había hecho. Siempre sospeché cierta presunción en esta modestia. Y me parece que aprendí, con la experiencia, que la fuerza de un pensamiento se halla más bien en su capacidad de ser desplazado, como puede ocurrir con la fuerza de una música y su capacidad de ser tocada con otros instrumentos que los propios" Rancière J. Le philosophe et ses pauvres, Fayard, Paris, 1983, p. 13. (Traducción de M.Beatriz Greco)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

volver a pensar los espacios entre generaciones


Nuestro tiempo nos coloca por delante un importante desafío, volver a pensar una relación fundamental que hace a la transmisión entre generaciones, una relación que sólo se piensa o se critica y analiza cuando su formato anterior parece ya no ser ni tener los efectos que tenía en otro tiempo. Pero lejos de nostalgias y lamentos acerca de la autoridad del maestro perdida, nos toca reinventar, desarmar lo que aparece ya hecho, anudado, cerrado y sin vueltas, para colocarnos a la altura de las actuales circunstancias.
Contamos abundantemente en educación con teorías de la distinción de seres, de sujetos con atributos, de niños/as y adolescentes categorizados, de maestros en problemas, teorías que proliferan en las escuelas, en las que un conjunto de profesionales (algunos maestros, profesores, psicólogos, sociólogos) despliegan sus saberes confirmadores de categorías. Sin aventuras intelectuales, estos saberes se unen entre sí para confirmar y garantizar un trazado desigualitario en las escenas educativas.
La propuesta de concebir una “autoridad emancipatoria” contribuye a una indagación que gira la mirada hacia la autoridad misma y a la institución que la sostiene. El lugar del que enseña se vuelve así posible de ser interrogado, “criticado” y reconfigurado. Para ello, se requiere echar a andar sentidos aletargados y en ese movimiento, componer un nuevo lugar para la autoridad hoy, en nuestro tiempo. Una posición de autoridad.


invitación a la tertulia en la hermosa biblioteca del maestro


Biblioteca Nacional de Maestros
Actividad gratuita
Miércoles 30 de Noviembre de 2011 a las 18hs.
aviso Se entregan certificados de asistencia
aviso Agradecemos confirme su presencia a: bnmprensa@me.gob.ar o al 4129-1132
María Beatriz Greco
Una autoridad emancipatoria: relatos “entre tiempos” acerca del trabajo de la transmisión
La Biblioteca Nacional de Maestros cuenta con un tesoro en el que se resguardan libros antiguos, primeras ediciones, ejemplares autografiados y dedicados, colecciones únicas en el país. Volvemos a ofrecer al público en general la posibilidad de acceso a estos libros, habitualmente no disponibles para consulta, con la realización de una nueva "tertulia" en la Sala Americana de la BNM. Invitamos a compartir esta experiencia.
Una autoridad emancipatoria: relatos “entre tiempos” acerca del trabajo de la transmisión
¿Es posible educar sin autoridad? ¿En qué lugar se despliega la transmisión –la que hace lugar a los sujetos- si no es en las relaciones de autoridad? ¿De qué esta hecha la autoridad del que enseña? ¿Qué la sostiene y la constituye como tal, en diferentes épocas? La lectura de relatos de maestros y enseñanzas, desde Rosa del Río a las narrativas contemporáneas, permite viajar por esas tramas –sociales y singulares- que construyen modalidades de la autoridad pedagógica. Nuestro tiempo nos lleva a pensar con urgencia cómo configurar una autoridad emancipatoria, paradoja del trabajo de la transmisión.
María Beatriz Greco
María Beatriz Greco es Doctora en Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad de Paris y la Universidad de Buenos Aires. Es profesora e investigadora de las Facultades de Psicología y Derecho de la UBA; autora de La autoridad (pedagógica) en cuestión(Homo Sapiens, 2007), Entre trayectorias –con Sandra Nicastro- (Homo Sapiens, 2009) y Emancipación, educación y autoridad (Noveduc, 2011).


Ministerio de Educación Argentina, Biblioteca Nacinonal de Maestros
Biblioteca Nacional de Maestros - Pizzurno 953 PB Ciudad Autónoma de Buenos Aires - www.bnm.me.gov.ar
Dra. Ana Diamant
Coordinadora
Sala Americana
(5411) 4129 1132
Biblioteca Nacional de Maestros Ministerio de Educación de la Nación 
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