"... los conceptos nuevos tienen que estar relacionados con problemas que sean los nuestros, con nuestra historia y sobretodo con nuestros devenires. Pero ¿qué significan los conceptos de nuestra época o de una época cualquiera? Los conceptos no son eternos, pero ¿se vuelven acaso temporales por ello? ¿cuál es la forma filosófica de la época actual? Si un concepto es "mejor" que uno anterior es porque permite escuchar variaciones nuevas y resonancias desconocidas, porque efectúa reparticiones insólitas, porque aporta un Acontecimiento que nos sobrevuela. ¿Pero no es acaso lo que hacía ya el anterior? Y así, si se puede seguir siendo platónico, cartesiano, kantiano hoy en día es porque estamos legitimados para pensar que sus conceptos pueden ser reactivados en nuestros problemas e inspirar esos conceptos nuevos que hay que crear. ¿Y cuál puede ser la mejor manera de seguir a los grandes filósofos, repetir lo que dijeron, o bien hacer lo que hicieron, es decir crear conceptos para unos problemas que necesariamente cambian?" Deleuze G. y Guattari F. ¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona, 1993, p. 33. (Traducción de Thomas Kauf)
"He llegado a percibir que por respetar demasiado las razones de los otros, se les hace la peor injuria, la de volverlos insípidos. Jamás pude suscribir profundamente a la regla de oro en uso en los tiempos que estudiaba, de no hacerle a un autor otras preguntas más que aquellas que él mismo ya se había hecho. Siempre sospeché cierta presunción en esta modestia. Y me parece que aprendí, con la experiencia, que la fuerza de un pensamiento se halla más bien en su capacidad de ser desplazado, como puede ocurrir con la fuerza de una música y su capacidad de ser tocada con otros instrumentos que los propios" Rancière J. Le philosophe et ses pauvres, Fayard, Paris, 1983, p. 13. (Traducción de M.Beatriz Greco)
"He llegado a percibir que por respetar demasiado las razones de los otros, se les hace la peor injuria, la de volverlos insípidos. Jamás pude suscribir profundamente a la regla de oro en uso en los tiempos que estudiaba, de no hacerle a un autor otras preguntas más que aquellas que él mismo ya se había hecho. Siempre sospeché cierta presunción en esta modestia. Y me parece que aprendí, con la experiencia, que la fuerza de un pensamiento se halla más bien en su capacidad de ser desplazado, como puede ocurrir con la fuerza de una música y su capacidad de ser tocada con otros instrumentos que los propios" Rancière J. Le philosophe et ses pauvres, Fayard, Paris, 1983, p. 13. (Traducción de M.Beatriz Greco)
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